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SmokeLong Quarterly

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El Último Viejo de la Calle Loíza

Historia por RC Hopgood (Leer la entrevista del autor) 13 de diciembre de 2021

Photograph by Khashayar Kouchpeydeh

Durmió. No mucho, pero algo. Polo se endereza en el sofá, la espalda entumecida, la rodilla adolorida. Se estruja los ojos. Anoche pasó horas contemplando la dichosa nota que ayer le clavaron en la puerta. El futuro impreso en letra negra: hoy a las cinco de la tarde lo sacan de su casa. A la fuerza. Se acabaron las gentilezas, ahora vienen con perros, policías, camiones blindados… lo que sea. Porque, aunque Polo está viejito, una cosa dejó muy claro: de su casa lo sacan con los pies por delante.

Todavía le queda lucha. Polo aprieta un puño.

Asoma el amanecer. En calzoncillos y camiseta estira su flaquencia, cojea hasta la cocina, y levanta un chin la toalla que cubre la ventana. Hay un revolú de gente en la calle. Policías con barricadas, reporteros con cámaras, buscabullas y chismosos de toda estirpe.

Polo pone a calentar la leche y limpia se veintiúnica taza.

El periódico dice que lo van a mandar a una de las comunidades en Florida o Texas. Un acuerdo entre los dos Estados Unidos. Polo no entiende muy bien la política nueva. Eso de los dos Estados Unidos… Para Polo los Estados Unidos son uno. Todos esos otros nombres que le han estado añadiendo los últimos años: República Democrática Federal Confederada Ambulatoria Sagrada Única Permanente Removida, lo que sea. Diferentes dientes del mismo cocodrilo. Pero Polo no va pa ningún lado. De su casa lo sacan con los pies por delante.

Al principio llegaban poquito a poco, una casita aquí, un negocito allá. Después empezaron a llegar en grupos, empresarios, corporaciones, condominios, vecindarios completos con portón y guardia. Hasta que un día, así como si na, un grupo compró a Culebra, y después otro compró a Maunabo. Y de momento ¡fuácata! se quedaron con todo. Quítate tu pa ponerme yo.

Casi se le hierve la leche por estar pendejeando. Se sirve el café.

La pintura está descascará, la losa media desbaratá, la pluma gotea, y todo huele a moho y humedad, pero es su casa. Por suerte las paredes de bloques aguantan huracanes y lobos. Pero el lobo ahora tiene bulldozer. La lucha nunca termina.

Lo que le gustaría es salir al balcón; tomarse el café con fresquito de playa. Pero na, con ese gentío no se pueden ni abrir las ventanas. Lleva meses encerrado. Polo se siente como una cucaracha, no las que salen a caminar por la cocina y quedan desparruchadas, sino las que se esconden en las paredes, las que nunca salen, pero están ahí en la oscuridad. Ese es Polo, tomando café en la oscuridad, y a las cinco lo vienen a despachurrar.

***

Ya son las cuatro. No sabe dónde se fueron las horas. Comió arroz con habichuelas. Miró un álbum de fotos. Resulta que cuando te anuncian la partida final, en vez de tratar de hacer todo lo que querías hacer, terminar lo que tenías a mitad, resulta que te das cuenta de lo poco que importan esas cosas. ¿Pa qué escribir la carta? ¿Pa qué arreglar la gotera? Polo piensa, pero hasta pensar es una pérdida de tiempo. ¿Pensar en qué? ¡Boberías, coño! Lo único que él quiere hacer es quedarse en su casa y tomar café en su balcón.

En la nota le dijeron que hiciera maleta. Pa qué carajo, si Polo va a salir de ahí con los pies por delante. Pero eso sí, se peina la morusa canosa, se pone su traje blanco con corbatita y se ciñe el machete que nunca ha usado.

Se mira en el espejo y listo, se va a la sala y prende el televisor. Se sienta en el sillón de mimbre a ver la nieve. Hace años no hay televisión, lo que hay es nieve blanca como la que debe haber por allá donde sea que lo quieren mandar. Si, ya mismo va. Con los pies por delante.

Duró cinco minutos con el vaivén del sillón y la nieve. Que se joda. Se sirve un café negro, y taza en mano abre la puerta y sale al balcón.

Primero las cámaras, mil flashes. La gente a empujones contra las barricadas. La policía las empuja para atrás. Una botella se estalla contra la casa. Gritería. Todos quieren que se vaya ya. Ahora mismo. La calle está a punto de explotar cuando se oyen primero las sirenas, después motoras. Polo solo ve luces rojas y azules detrás del gentío. Cuando se oyen los ladridos, la gente se tranquiliza y le abre paso a cuatro policías cada uno con un perro por delante, seguidos por cuatro más con rifles y cascos. Algunos amedrentan con la culata a los que empujan contra la barricada.

Polo está listo. No hay nada que hacer. Trata de aclarar su mente pa que el golpe duela menos, pero no puede. Su mente está llena de memorias: Polo con la cabeza abierta de un macanazo; Polo arrastrao por la calle con tobillos sangrientos; Polo interrogado a puños; Polo, todo rojo, todo violencia. Le duele el cuerpo de pensarlo. El precio del sacrificio. Pero no se agacha. Parado en su balcón, café en mano, frente en alto ante la tropa que viene. De allí lo sacan con los pies por delante.

Pero la tropa no entra. Abren el portón y se hacen a un lado formando un pasillo entre ellos, los perros sentados en atención, dos a cada lado. Por el pasillo viene alguien. Polo ajusta su vista, sus ojos no son lo que eran. Un hombre, no, es una mujer joven, como saliendo de una bruma, materializándose entre los policías. Pasa el portón y Polo la ve subir los escalones. Es su hija, Yuíza. Una vida olvidada le arremete como un macanazo. Polo recuerda: los ojitos, las manitas, los castillos de arena, la risa en el columpio, las canciones de cuna…

—Hola, papá —dice Yuíza y lo abraza.

Polo trata, pero no puede, y allí parado como estaca se le sale una lagrima.

Sobre el autor

Roberto Cofresí (RC) Hopgood nació en Puerto Rico, y ha vivido en Texas, México, Nueva York y Colorado. El es el autor de “Bellows: Fables from the Musical Underground,” (Hmm, 2013) y un blog de un año con 52 entradas sobre su crianza en Puerto Rico, “Cuentos del Barrio Machuchal” (machuchal.blogspot.com, 2014-2015). Sus palabras han sido publicadas en The Non-Alignment Pact, Drunk Monkeys, The Write Launch, SPOT, Plasmotica, y otros. Actualmente, vive en Chapel Hill, Carolina del Norte. Twitter @rc_hopgood.

Sobre el artista

Khashayar Kouchpeydeh is a photographer from Tehran, Iran.

Esta historia apareció en SmokeLong en Español — Número Tres de SmokeLong Quarterly.
SmokeLong Quarterly SmokeLong en Español — Número Tres
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